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Baby, la muñeca de Javi

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Baby es (o era) el juguete favorito de mi hijo Javi. Vivió con nosotros durante más de tres años, pero creo que ha llegado el momento de decirle adiós. Con ella se van un montón de recuerdos, como aquella vez que Baby se nos olvidó en el avión y tuvimos que batir todos los records  olímpicos de carreras por las terminales de Heathrow para recuperarla, o cuando tuvo que someterse a una cura de emergencia, desinfección incluida, después de aterrizar en una boñiga de vaca durante uno de nuestros viajes a Asturias.

Javi ha venido siempre conmigo a todas partes y desde muy pequeño se acostumbró a tocar mi pelo durante el porteo. A los cinco meses, no conseguía dormirse si no era tocando mi melena. Y ni qué decir tiene que no entendía de horarios. Podía sucedernos en cualquier lugar y situación, dando una vuelta en el cochecito, comiendo en un restaurante…  A los diez meses, y viendo que aquello se estaba convirtiendo en una experiencia traumática, decidí que había llegado la hora de que se durmiese con algo que requiriese menos contorsionismo, especialmente en ese momento que me había cortado la melena y tenía el pelo bastante más corto.

Me propuse firmemente encontrar un muñeco adecuado para Javi. Siguiendo las típicas recomendaciones decidí comprar dos unidades iguales, para evitar problemas si perdíamos uno de ellos. Me hice con dos mantitas, pero aquello no funcionó. Lo intenté con dos ositos de peluche, pero tampoco. ¿Algo más creativo? ¿Qué tal dos pelucas? Nada. ¿Y dos borlas chinas? Tampoco.

Ya estaba convencida de que aquello era una batalla perdida hasta que un día, esperando a una amiga en Oxford Street en Londres, vi en la acera de enfrente un escaparate enorme con un cartel de rebajas. A estas alturas tengo que admitir que hay dos cosas en el mundo por las que me siento irremediablemente atraída sin que pueda hacer nada por evitarlo… es lo que yo llamo efecto imán. La primera es el chocolate. La segunda la cartelería de Rebajas.  Así que crucé la calle y entré decididamente en la tienda. Fui directamente a la parte de atrás, hacia la zona de niños y su letrero rojo tamaño XXL de liquidación.  De repente, la silla tropezó con algo que recogí del suelo. Era una muñeca. Javi la vio, con su primitiva forma de expresarse me pidió que se la diese y así lo hice. Eso me dará un par de minutos de libertad para comprar unos pijamas, pensé.

Nunca más dejó la muñeca. En estos últimos tres años, cada vez que Baby desaparecía,  sufría espasmos pensando cómo no me di cuenta de comprar dos aquel día en Londres. Hice lo indecible, desde buscar en ebay hasta enviar mails a Mattel para intentar localizar una Baby clonada, pero todo sin éxito.

Hasta que hace aproximadamente un mes, volviendo a casa de Singapur, Baby se quedó en la maleta más tiempo del previsto. Javi nunca más preguntó por ella.

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