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Coles en Hong Kong, entrevistas y futuro recordman olímpico

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Si preguntas a cualquiera de las familias con niños pequeños que viven en Hong Kong que te describa lo peor de la ciudad, todos te responderán lo mismo. No es lo carísimos que son los pisos, ni el alto nivel de contaminación, ni tener que ver a tus amigos ir y venir cada tres años… Es, sin duda, conseguir una plaza de colegio para tus hijos.

Los colegios internacionales ofertan muy pocas vacantes, por lo que la competencia para conseguir una es altísima. La mayor parte de los coles reciben diez veces más solicitudes del número de plazas que ofertan y los niños, con tan sólo 2 años, tienen que pasar por duros procesos de selección y entrevistas. Y tienen que hacerlo solos, los papás no podemos acompañarlos.

El año pasado Javi entró en un buen centro. ¡Tuvimos suerte!  Ahora es el turno de Gabi que, con 2 años y 10 meses, ayer tuvo su primera entrevista.

Como ya hemos pasado por todo este proceso una vez, se podría decir que somos papás experimentados. Sabíamos que Gabi no tendría problemas con la expresión oral, ni con los números o las letras; se le dan bien los colores y reconoce con facilidad formas y tamaños. Pero había un par de “problemas”. El primero, mi hijo debe ser el único niño del mundo que odia las pegatinas. El segundo es su timidez. Los entornos nuevos le paralizan aunque, una vez que coge confianza, es un niño muy sociable.

Llegamos a la primera entrevista con tiempo suficiente. Sabíamos que, antes de nada, tendríamos que lidiar con el tema de los adhesivos. Había unos 50 niños de entre 2 y 4 años esperando su turno. Al llegar, entregaron a los peques una pegatina con su nombre para poder identificarlos en caso de que se perdieran. Así que allí estaba yo, intentando hacer un trato con mi hijo: “Gabi, ¿sabes qué? Después de jugar en una clase llena de juguetes, darán un chupa chups a los niños que lleven su adhesivo. ¿Quieres tu pegatina?”. Respuesta: “¡NO!”. Por más que entrevistadoras y yo misma insistimos para que se lo pusiera, no hubo manera de convencerlo… así que allí estaban los 50 niños, 49 con el adhesivo con su nombre puesto en el pecho y uno con ella en la espalda, donde habíamos conseguido ponérsela sin que se enterara…

Y llegó el turno de Gabi. Se permite que uno de los padres acompañe al niño, pero sólo hasta la puerta del aula. Después tiene que quedarse allí solo. Mi marido acercó a Gabi a la clase, mientras yo intentaba echar un vistazo a través del cristal de una puerta. En cuanto llegaron a la zona de acceso, Gabi frenó en seco, miró a su padre y dijo “Papá, yo quiero ir al cole de la señorita Tea”. (Ms. Tea es la profe de su guardería). Se giró y, con las mismas,  echó a correr a una velocidad que lo clasificaría directamente para los próximos Juegos Olímpicos Infantiles, salió del pasillo, llegó a la sala de espera y la atravesó corriendo. De repente, los 100 padres que estaban esperando turno con sus hijos se volvieron pensando claramente “¡Estáis acabados, no tenéis ninguna posibilidad”.

Mi marido consiguió atraparlo y lo llevó de nuevo al aula. Por suerte, esta segunda vez encontró junto a la puerta una caja llena de animales. Fue directo hacia ella. La entrevistadora se acercó y le preguntó “¿Puedes ver algún animal?” y Gabi contestó “Sí, hay tres ¿ves? Uno, dos y tres” mientras sacaba los leones de la caja. Entonces la entrevistadora le dijo, señalando a uno de los leones, “Pero esto es un oso ¿no?”. “No, es un león, y el león empieza con la letra L… Roooooaaarrrr”.

Mi marido tuvo que salir pero sabíamos que, a partir de entonces, todo iría bien.

Creo que, siempre y cuando no les importe que los niños odien las pegatinas y sean posibles atletas olímpicos, aún tenemos alguna posibilidad de conseguir una plaza en este cole. Tendremos que esperar a que llegue la carta, dentro de 3 meses…

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